jueves, 24 de septiembre de 2009

Ensueño.

Caminaba con alguien, no recuerdo quien por alguna de las calles del centro de la Ciudad de México, buscábamos, no sé que lugar, o quizás solo paseábamos, dimos vuelta a la derecha y seguimos caminando por esa calle que era como toda las demás, comercios abiertos, gente caminando, personas aquí y allá...
Comencé a notar una inclinación, quizás, una irregularidad de la banqueta pero a medida que avanzaba mas, mas se inclinaba la calle. ¡Esto no es de ningún modo una irregularidad normal! pensé...
Corrimos entre la multitud unos 200 metros quizás lo que ahora, era calle abajo, y al voltear después de sentir un poco de seguridad me dejo sin aliento.
Una montaña se empezaba a erguir justo frente a mis ojos, su forma cónica se elevaba constantemente hacia el cielo chilango. 30, 50, 60 100, 200 metros y parecía entonces detenerse y dejar de crecer...
La estupefacción de mis compañeros de experiencia era inevitable, todos veíamos con sorpresa ese enorme y bien definido cono con la punta recortada, ¡era un volcán sin lugar a dudas!
De repente pude volar (¿y por que no?). Me eleve y logre ver todo desde una mejor perspectiva... volé mas allá de la cima y giraba alrededor de ese volcán inesperado y extraño...
El cráter era más grande de lo que creía, era una boca grande, oscura y profunda, negra completamente, ¡aterradora! Pero fascinante. Abajo, se veía movimiento, ignoro cuanto tiempo estuve sobrevolando ese capricho de la naturaleza, había personas alrededor y ya se había colocado una especie de valla que lo acordonaba.
Comenzó a temblar, lo sé porque escuchaba el rugir de la tierra y la gente ahí abajo corría en todas direcciones, y entonces temí que una erupción de magma era inevitable. Observe la ciudad desde las alturas esperando lo inevitable, sus edificios, su silueta, sus calles, su gente y su bullicio, su nata de contaminación, sus montañas flanquéates y sus ya conocidos volcanes.
El rugir crecía y crecía, era ensordecedor y entonces el nuevo volcán en medio de mi ciudad y al que yo patrullaba desde el cielo se comenzó a agrietar y del fondo, del oscuro y aparente eterno fondo emergía lenta y elegantemente una esfera enorme.
Grácilmente subía desde la base (y desde quien sabe donde mas) una esfera cristalina de un bello color azul cielo ¡Parecía una enorme canica! entonces llegaba a la cima y se deslizaba colina abajo. Inesperadamente la valla colocada anteriormente soportaba este cuerpo extraño.
Una más emergía, ahora era de un azul más brillante, más bello, con texturas y pequeños relieves y también se deslizaba colina abajo. Una 3ra esfera emergió, la cuarta, la quinta... ¡la sexta! y entonces cesaron de emerger mas esferas y todo se silenció.
Ahí yacían esas esferas, a los pies del “volcán”, azules, enormes, bellas, como perlas hermosamente decoradas y yo, volaba tratando de explicarme que es lo que había ocurrido, buscaba una explicación lógica, científica, coherente, racional.
El tiempo paso, la calma era grande, era una paz insólita...
De pronto sin ningún aviso, sin que le precediera un rugir, sin ninguna señal, una esfera nuevamente emergió. Esta era inmensamente diferente, pues era un planeta tierra en miniatura, con sus continentes, con sus océanos y sus polos, con nubes que se apreciaban debajo de su atmosfera. Esta vez no bajo por la colina, esta vez floto suavemente y en línea recta hacia el cielo, paso frente a mí y siguió subiendo.
Admiraba su belleza, su gracia, su inexplicable capacidad de vuelo... Entonces lo comprendí… Yo estaba soñando.

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